martes, 29 de diciembre de 2009
REIVINDICACION DE ALEJANDRO VI
OBRAS FEDERICO GARCIA LORCA
lunes, 21 de diciembre de 2009
¿Y LOS APRENDICES?
Al releer este artículo, (publicado en la revista anual del Gremio en el año 1992) no me ha quedado mas remedio que incorporarlo para darlo a conocer, el motivo; pues que lo considero de total actualidad y si ya en 1992 se exponían estas razones, no está de más reconsiderarlas hoy en día y ver si existe alguien con el valor suficiente para recuperar lo perdido.
¿Y LOS APRENDICES?
Como si jamás hubiesen existido, ¿desaparecieron?
Nuevos tiempos, nuevas técnicas traen nuevas concepciones.
Otros criterios imponen otras costumbres. Serán éstas mejor o peor. El tiempo lo dirá. Lo cierto es que al revolucionar aquello que la costumbre, el hábito y la tradición asentaron, modelando un estilo de vida, se produce el vacío y se rompe la continuidad.
Aprendices hemos sido todos en la edad juvenil. Y hay quien nunca ha pasado de ser aprendiz. Ya lo dice el refrán "Aprendiz de todo, maestro de nada". El estudio jamás ha bastado para completar una formación. Tras los cursos en la Universidad hay que pasar, forzosamente, por el aprendizaje en el bufete. Tras el paso por la Facultad, el médico ha de adquirir práctica en el Hospital. Los demás oficios de índole mecánica, enseñaron, adiestraron y formaron en taller a los jóvenes que se iniciaban.
Desde siempre los oficios fueron tenidos como organismos imprescindibles para el desarrollo y funcionamiento de la sociedad. Pero fue en la Edad Media donde surgió el sistema de organización que dio origen a los Gremios. Junto al maestro, ante la mesa de trabajo, el aprendiz se formó y llegó a adquirir experiencia. No fueron vanos los esfuerzos del maestro ni estériles los sacrificios de los aprendices. Cuando éstos se consideraban hábiles y capacitados se separaban del maestro y se independizaban. Era como si otra vida se hubiese engendrado y alentase por sí misma.
El aprendiz de hoy será el maestro de mañana. De su habilidad, destreza, saber y conocimiento, dependerá en parte el desarrollo y el progreso de la sociedad. Considerar a un encuadernador, por ejemplo, hábil y diestro, y tener a un mecánico como extraordinario técnico, es un bien que honra y enaltece a la ciudad. Es tanto como apreciar la maestría de un artista que, en el ámbito de su vocación produce obras inauditas.
Se está rompiendo la tradición del aprendiz por imperativos económicos. Antiguamente, el muchacho que era admitido en un taller le acompañaba el deseo de aprender. El maestro, contrariamente a lo que se cree, no "explotaba" al muchacho ni se servía de él para enriquecerse. Obsérvese cuantos maestros artesanos se han enriquecido, al contrario, muchos de ellos han terminado teniendo que cerrar su pequeño taller por imperativos económicos.
Los conocimientos del maestro iban enriqueciendo al aprendiz. Era todo su saber y también su experiencia los que regalaba generosamente al aprendiz, en un gozoso desprendimiento que resumía el hondo sentido de la continuidad. Saber que alguien, detrás de él, persistirá en su oficio, en su profesión, era tanto como asegurarse una benévola supervivencia.
Los nuevos tiempos han conmovido los hábitos tradicionales que, por tradicionales, se han considerado ineficaces. La enseñanza que miles y miles de talleres prodigaban en toda España se ha visto reducida a unas cuantas universidades laborales. De la gratuidad de la formación primaria se ha pasado a un desembolso exorbitante. No se dude de la eficacia de la enseñanza profesional. Tan solo se añora la desaparición de la figura del aprendiz, tan deshumanizada hoy y antaño tan unida, tan viviendo a la sombra del maestro.
Es muy posible, que tengan "razón" quienes ordenan desmantelar industrias con normal rendimiento, quienes hacen talar viñas y reducir la producción de vino, quienes impiden la producción de leche, quienes hacen que el patrono cierre sus talleres por exigencias de los impuestos; es muy posible que tengan razón y que su vista de águila vislumbre el futuro con más agudeza y penetración. Pero también es posible que estén equivocados, que no tengan más visión que la del papel en que dictan sus órdenes y que yerren el camino.
Lo que si es cierto, es que la cálida humanidad, los efectos de la convivencia y el sentido cordial y afectuoso de la vida, sintetizados en la amistad entre el maestro y el aprendiz, todo esto ha desaparecido. Para bien o para mal, pero ha desaparecido.
Un antiguo aprendiz.
(Y esto en un artículo de hace 17 años).
¿Y LOS APRENDICES?
Como si jamás hubiesen existido, ¿desaparecieron?
Nuevos tiempos, nuevas técnicas traen nuevas concepciones.
Otros criterios imponen otras costumbres. Serán éstas mejor o peor. El tiempo lo dirá. Lo cierto es que al revolucionar aquello que la costumbre, el hábito y la tradición asentaron, modelando un estilo de vida, se produce el vacío y se rompe la continuidad.
Aprendices hemos sido todos en la edad juvenil. Y hay quien nunca ha pasado de ser aprendiz. Ya lo dice el refrán "Aprendiz de todo, maestro de nada". El estudio jamás ha bastado para completar una formación. Tras los cursos en la Universidad hay que pasar, forzosamente, por el aprendizaje en el bufete. Tras el paso por la Facultad, el médico ha de adquirir práctica en el Hospital. Los demás oficios de índole mecánica, enseñaron, adiestraron y formaron en taller a los jóvenes que se iniciaban.
Desde siempre los oficios fueron tenidos como organismos imprescindibles para el desarrollo y funcionamiento de la sociedad. Pero fue en la Edad Media donde surgió el sistema de organización que dio origen a los Gremios. Junto al maestro, ante la mesa de trabajo, el aprendiz se formó y llegó a adquirir experiencia. No fueron vanos los esfuerzos del maestro ni estériles los sacrificios de los aprendices. Cuando éstos se consideraban hábiles y capacitados se separaban del maestro y se independizaban. Era como si otra vida se hubiese engendrado y alentase por sí misma.
El aprendiz de hoy será el maestro de mañana. De su habilidad, destreza, saber y conocimiento, dependerá en parte el desarrollo y el progreso de la sociedad. Considerar a un encuadernador, por ejemplo, hábil y diestro, y tener a un mecánico como extraordinario técnico, es un bien que honra y enaltece a la ciudad. Es tanto como apreciar la maestría de un artista que, en el ámbito de su vocación produce obras inauditas.
Se está rompiendo la tradición del aprendiz por imperativos económicos. Antiguamente, el muchacho que era admitido en un taller le acompañaba el deseo de aprender. El maestro, contrariamente a lo que se cree, no "explotaba" al muchacho ni se servía de él para enriquecerse. Obsérvese cuantos maestros artesanos se han enriquecido, al contrario, muchos de ellos han terminado teniendo que cerrar su pequeño taller por imperativos económicos.
Los conocimientos del maestro iban enriqueciendo al aprendiz. Era todo su saber y también su experiencia los que regalaba generosamente al aprendiz, en un gozoso desprendimiento que resumía el hondo sentido de la continuidad. Saber que alguien, detrás de él, persistirá en su oficio, en su profesión, era tanto como asegurarse una benévola supervivencia.
Los nuevos tiempos han conmovido los hábitos tradicionales que, por tradicionales, se han considerado ineficaces. La enseñanza que miles y miles de talleres prodigaban en toda España se ha visto reducida a unas cuantas universidades laborales. De la gratuidad de la formación primaria se ha pasado a un desembolso exorbitante. No se dude de la eficacia de la enseñanza profesional. Tan solo se añora la desaparición de la figura del aprendiz, tan deshumanizada hoy y antaño tan unida, tan viviendo a la sombra del maestro.
Es muy posible, que tengan "razón" quienes ordenan desmantelar industrias con normal rendimiento, quienes hacen talar viñas y reducir la producción de vino, quienes impiden la producción de leche, quienes hacen que el patrono cierre sus talleres por exigencias de los impuestos; es muy posible que tengan razón y que su vista de águila vislumbre el futuro con más agudeza y penetración. Pero también es posible que estén equivocados, que no tengan más visión que la del papel en que dictan sus órdenes y que yerren el camino.
Lo que si es cierto, es que la cálida humanidad, los efectos de la convivencia y el sentido cordial y afectuoso de la vida, sintetizados en la amistad entre el maestro y el aprendiz, todo esto ha desaparecido. Para bien o para mal, pero ha desaparecido.
Un antiguo aprendiz.
(Y esto en un artículo de hace 17 años).
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ARTICULOS Y NOTICIAS
martes, 15 de diciembre de 2009
ENCUADERNACIONES ALVAREZ, CODICE DE TRABAJOS
Encuadernación de pergamino sobre una tapa con nervios en realce formando dibujos rectangulares. Cuatro en las esquinas, dos alargados en el centro de las tapas pegados a la parte de delante y cuatro mas, dos en cada tapa, pegados a la parte del lomo. Rueda en oro sobre los nervios y otra en el fondo también en oro. En el interior de los paneles tejuelos rojos con grabación en oro de lineas rectas en forma de abanico. En el lomo dos tejuelos en rojo para el titulo. Guardas papel de aguas pintado a mano. Cantos picados. Tamaño 32 x 25. La caja lleva los cantos en pergamino con doble greca en oro y paneles centrales en rojo con líneas en abanico, también doradas. LA MUJER
En todo piel cabra color verde. Tapa a doble cartón donde se ha pranticado un vaciado oval y un rebajado en la parte superior de este, dando el aspecto de un ojo. En el fondo del mismo una pintura fantasia terminada con aspecto de procelana. Unos hierros en seco remarcan la parte superior del ojo. Doble hilo en seco enmarca la tapa. Rueda en seco sobre el canto de las tapas. Cajos de piel y guardas de papel peine francés pequeño pintado a mano y enmarcadas por ruedas en oro y en seco. Tamaño 25 x 16. LES TROBES EN LAHORS DE LA VERGE MARIA
En todo piel de cabra color natural. Decoración de las tapas con profusión de ruedas y florones en seco. Pequeños botones y flores en oro lo completan. El lomo con cuatro nervios y tejuelo granate para el titulo, lleva igualmente decoración en seco y algo de oro. Posteriormente se aplícó en toda la superficie una pátina de envejecimiento y un barniz fijador. Cajos de tela y guardas papel de aguas pintado a mano. Cabeza cortada y pintada y cantos picados. Tamaño 22 x 15 LOS FILLS DE LA MORTA VIVA
Todo piel cabra graneada color habana. Panel central en realce en ambas tapas con vaciado oval en el centro, donde albergan sendos apliques de piel granate, en el delantero con el título de la obra y ruedas en oro y en seco. Complementan la ornamentación cuatro esquinas unidas por rueda, todo ello grabado en seco. El lomo con cuatro nervios y adornos mayoritariamente en seco. Cajos de tela y guardas de papel de aguas con enmarcado de rueda en seco. Cabeza cortada y pintada y cantos picados. Tamaño 22 x 16.
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